Crónica Marcha
Estábamos citados a las 11, pero estaba llegando tarde, era la 1. Siempre llego tarde. Quizás se debe al hecho de que soy prematuro, esa traumática forma de llegar temprano me hizo no querer repetir la experiencia nunca más. Me alisté y me puse lindo, a la marcha iba ella, lo que implicaba desodorante y perfume, no iba a tener muchas más chances. Mi amigo me compartió la ubicación… genial podía ir directo. Decidiendo un ayuno por la falta de tiempo, partí para el subte.
Soy fóbico, no me gusta encontrarme con gente ni socializar. Prefiero el anonimato. Bajando a la estación Dorrego me puse a pensar el significado de la marcha por primera vez en el día. Por mi cabeza pasaron algunas imágenes, actos de la primaria, las otras marchas a las que fui, como desde chico imagino de la misma manera los crímenes de estado... Despejé esos pensamientos porque me sonaron dos alarmas en la cabeza. Por un lado una chica que apenas conocía pero debía saludar y por el otro la estación entera cantando una canción contra los militares. Regularmente voy a la cancha en subte y me enfrento a una situación similar, no me gusta cantar en el camino y tengo que encontrarme una excusa. Solucioné ambas situaciones yendo rápidamente al fondo de la estación haciéndome el ocupado. La chica no me vió y los cánticos frenaron. Bien. Cuando creía que había triunfado, pasó lo peor.
- ¿Fede?
Me dí vuelta y me encontré al padre de un amigo, la última persona que me quería encontrar. Jorge. Primero intercambiamos información sobre la familia del otro y charlamos sobre las vergonzosas reformas de la línea b, pero luego empezamos a viajar las estaciones en completo silencio, a excepción de él empezando canciones para todo el vagón. Una pesadilla.
Finalmente salimos y separamos caminos, encontré a mi amigo que estaba con el resto de la gente de la agrupación y le pregunté si la había visto, me dijo que no había venido con ellos. El 50% de mi cabeza se ocupó de seguir charlando con mi amigo, el otro 50% entró en pánico, ¿por qué no habría venido?
Mientras iba caminando me iba entrando información sobre el lugar en el que estaba. Se me empezó a acumular una angustia producto de las caras, los carteles, los discursos. Una angustia que nada tenía que ver con mi preocupación egocéntrica. El clima era de moderada felicidad, pero quedaba claro todo lo que costó esa felicidad y porqué es moderada. No había tiempo de angustiarse, entablé una conversación intrascendente.
Luego de caminar un rato nos paran de la tele, C5N. Éramos 4 en ese momento y nos preguntaron si queríamos salir en la tele. Por supuesto que sí, atención. Cuando salimos me decidí por decir el nombre de la agrupación, quizás le llegaba y me decía algo. Salí de la brevísima entrevista completamente contento. Éxito total.
Pero nunca se me permitió ser feliz por mucho tiempo. Trabados en el embotellamiento de gente me encuentro con la brutal imagen de ella agarrada de la mano con un chico. Era demasiado para soportar, creí que sucumbía. Ni podía acercarme a saludar y disimular la derrota.
Comenzaba la desconcentración y me explotaba la cabeza, fue un día agotador. Me fui solo, de la manera que pude. Pero estaba lleno de personas así que me senté un rato. En ese momento empezó a sonar "Como la cigarra" en todos los parlantes. Lagrimeando, entendí: estuve todo el día evitando sumergirme en el sentir colectivo. No quise compartir la tristeza, tampoco la felicidad. Sin embargo ahí estaba, con una tristeza que no podía terminar de explicar, pero la gente que estaba a mi alrededor compartía.
Ir a una marcha no es fácil. No me parece que porque sea "peligroso". El problema es estar abierto a entender porque estás marchando. No es una causa liviana, hay que involucrarse y se juegan muchas más cosas. Es empatizar con una abuela cuyo nieto desapareció, una madre cuyo hijo adolescente tuvo que ir a la guerra, una familia obligada a vivir con miedo. No es gratis, pero es sumamente importante. Porque cuando terminó "Como la cigarra" empezó "Jijiji" y esa desazón colectiva se transformó en alegría y festejo y gracias a Dios pude contagiarme.
Yo creo que lo que me queda de esta marcha es poder aprender a compartir de nuevo. Nuestros cerebros están aislados pero nuestros cuerpos están cerquita y a veces son mucho más inteligentes. Tienen que trabajar en conjunto para que pasen 50, 60, 200 años y podamos seguir recordando.
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